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martes, 18 de junio de 2019


VIAJANDO
Entre las olas del mar Caribe,
ibas conmigo sin que lo supieras
en fuga eterna sobre el sol ardiente.
Ese  mediodía enredé mis versos,
mis versos de amor y de distancias,
en el mástil de aquel buque blanco:
por si una gaviota ingenua lleva,
hasta el horizonte, las amarras
que en medio del océano,
anclan mi corazón  a tu nostalgia.
Amor sin tiempo ni distancia,
que vive con la fuerza del necio  corazón
amarras de ti que no se llevó el viento
aquella nublada tarde parisina
en que amé tus silencios, sin que sospecharas
que me hacías compañía bajo los álamos
dorados de Los Campos Elíseos.

Tu recuerdo  fue azul como la playa,
colmada de luceros,
esa noche boricua que bailé contigo,
al son tibio de las olas, tan solo en la añoranza.
Y al sonar de castañuelas, otra noche madrileña,
recorrimos callejuelas, bares, bulerías.
 Y brindé contigo un vino imaginario;
porque ibas conmigo, pero no lo sabías.

Junto a mi te vi,  levantando una copa, 
en la tierra prieta del charro y el mezcal,
Y mis versos,  barcas migrantes,
aquella noche de arte y poesía,
 en el “Palacio de Bellas Artes”
atracaron sin encontrar tus muelles.

Amor de siempre, amor de nunca.
Al son de una milonga en el barrio del Boca,
llevé a cuestas la aflicción de mi alma rota.
Te envié mil besos desde el Mar del Plata, en un
velamen que corría, sin llegar a tu destino.
Amor de fantasía y sempiterno ensueño;
Aventura de vivir jalonando la cola de una estrella,
Sobre la nube, sobre el mar, sobre la arena.

Te encontré en el Nueva York de mil  colores,
Oculto detrás del horizonte
y con solo tus recuerdos, tejí mi soledad
de luna, amontonando olvidos.
Tu sonrisa se prendió en la espuma
de las Cataratas del Niágara;
y en la rada ardió tu nombre
como una hoguera en los bosques de pino.
Qué broma, que ironía, solo amarte con palabras.
Haz recorrido el mundo tomado de mi mano,
Lima, Bogotá, el viejo San Juan, Toledo y…
¡Nunca, jamás lo adivinaste!!!



Premio Calidez

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